El brief de navidad (es más divertido si trabajaste en REP/GREY en 2009)

En aquel tiempo una preocupación se había apoderado de todos en el paraíso: la navidad estaba perdiendo adeptos en la tierra a un ritmo frenético y nada podía hacer que renaciera la fe; así que se programó una reunión extraordinaria para encontrar una pronta solución a esta oleada de consumismo que había invadido los hogares.

La reunión avanzaba y las respuestas no aparecían, así que Dios propuso atacar el problema de raíz y fue contundente al señalar que quienes lo habían provocado deberían resolverlo: las agencias de publicidad. De inmediato se envió un equipo muy selecto de ángeles a la tierra para camuflarse en el medio publicitario y encontrar a las personas idoneas que revivirían la esencia de la navidad. Por alguna razón los “angelitos” empezaron a hacer carrera en un país del tercer mundo y rápidamente llegaron a convertirse en clientes, manejando cuentas de alimentos, telefonía y medicamentos, entre otros.

Después de haber descartado a muchas agencias, había una elegida, la cual iría al cielo a tratar el tema. Semana siguiente. A la reunión asistió por parte del paraíso: el niño Dios, Papá Noel y los Reyes Magos; y por parte de la agencia: una pareja de esposos dueños del aviso, una directora argentina de rulos, un director que no paraba de mover los ojos y hacer gestos, otro director que llevaba puesta una camiseta de un museo europeo, un director que al parecer era de los pesados, porque llegó en una moto increíble, y un director gráfico arremangado que decía “presente” sin decirlo (el cual tenía la particular manía de amagar con arrancar una carrera, para terminar dando sólo un pequeño salto algo chapulinesco), entre muchos otros asistentes…

La primera discusión que se dio fue la de los RTBs (reason to believe). El niño Dios hizo venir a Juan, Pablo, Marcos y Lucas para que le dieran a este selecto grupo de publicitarios la mayor cantidad posible de razones para creer en la navidad. Pero rápidamente uno de los representantes de la agencia argumentó que si exisitiera una señal “inequivoca” de la existencia de Dios, seguramente la gente de la tierra creería en la navidad como antes. A él se sumó de inmediato el director tenista hincha de Santafé y la directora que prefirió ubicarse muy a la izquierda de aquel sitio para emitir sus opiniones. Era un argumento fuerte, tanto que se estudió la posibilidad de llamar a Vishnú y a Mahoma para hablar del tema, pero se determinó que ellos definitivamente no representaban de manera adecuada el espíritu de la marca.

La reunión no iba para ninguna parte, así que Jesús mismo llegó poco después de que el niño Dios saliera del sitio y convirtió en vino el agua de los vasos para liberar las tensiones. Ya más tranquilos. El director de brazos tatuados siseó varias veces hasta que llamó la atención de Jesús y le dijo: -Oye Jessi, yo creo que si me das un par de días, podría reunirme con Fandy, Poly, Nelly, Rodry, Ale, Oli, Juanpy, Andre, Leo y Sebas (y otros tantos diminutivos) para hacerte 5 propuestas…

Jesús primero que todo le aclaró que el se llamaba Jesús y no Jessi y le dijo que eso era mucho tiempo, que la propuesta la necesitaba ya; y segundo que todo, le pidió el favor al creativo del bajo que dejara de tocar acordes de Seinfeld cada vez que alguien hacía un comentario. Allí fue cuando la directora del sur sacó a relucir la tabla de tiempos y exigió que le dieran un mejor brief. En ese momento una ejecutiva de ojos claros que estaba allí, respaldó a la directora argentina, pero por alguna extraña razón terminó enfrascada en una discusión con ella, de la cual era expectador de primera fila un joven ejecutivo del Valle del Cauca que acompañaba a la rubia sin atreverse a decir una palabra.

Los tres reyes magos observaban atentos el trascurso de la reunión y no se dejaban distraer por un alegre grupo de ejecutivas de la agencia que practicaba en el otro extremo de la sala de juntas los últimos pasos de baile de la canción de moda, en medio de risas y carcajadas (la única que no bailaba era una que estaba Hiper-concentrada en un aviso). Sin embargo una nueva opinión se ponía sobre la mesa: era la de un señor vestido de negro que acababa de encender un pielroja. Todos lo oyeron, guardaron silencio y pocos segundos después estaban sacándolo de la sala, ya que no pudo demostrar cómo su propuesta de tener un ejemplar autografiado del primer número de Batman podría salvar la navidad.

Papá Noel tampoco sabía qué decir, y mucho menos cuando una ejecutiva salió corriendo mientras decía: “Nada, tengo que irme”, porque su cliente más lacteo estaba pidiendo un aviso para alabar al Dios del país del que provenía esta agencia, el presidente de la república. La única que medio pudo explicar este exabrupto fue una ejecutiva que iniciaba cada frase con palabras como honey, sweetie, baby o sweet heart, entre otras dulzuras.

Pasada la confusión, entraron a opinar todos los creativos, incluido uno que acababa de llegar, tres horas después de haber empezado la reunión; una que hacía rato estaba dándole vueltas a un diseño y no sabía a qué horas había ido a parar a la dichosa reunión; otro que parecía más preocupado por llenar la pared de papeles con dibujos de dudosa calidad; pero hubo uno que nunca opinó porque estaba con su novia que al parecer trabajaba también en la agencia. Los artefinalistas no opinaron porque ya se habían ido a almorzar.

Pero nada. El mindset del planeta tierra aún estaba muy confuso y a pesar de que una pequeña pero gritona representante del departamento de tráfico los regañó a todos –incluido Dios- el tema parecía alejarse más y más de una conclusión. De pronto tomó la palabra una ejecutiva experta en cafés y clientes requetetradicionales, que sólo era interrumpida por el director ejecutivo que la aterrizaba cada vez que podía, pero tampoco logró un consenso. Opinó después un copy que llevaba muchos pero muchos años en la agencia, pero cuando estaba a punto de convencerlos a todos y cerrar la reunión, fue interrumpido por la directora argentina que le preguntó -¿George, vas a tomar algo? y se lo llevó para la cafetería de la tierra a tomar té. Cabe anotar que esta cafetería tenía la característica particular de albergar sus alimentos en múltiples caletas distribuidas a lo largo y ancho de la agencia misma.

Mientras tanto en la sala de juntas del paraíso el tema no avanzaba de a mucho, y para completar, la conversación susurrada pero de altos decibeles que sostenían a kilómetros de allí un copy alto con nombre selvático y una copy caleña, los interrumpía a todos. Y por si fuera poco, un creativo los distraía también, aerosol en mano, haciendo grafitis en cada nube que encontraba a lo largo y ancho de la inmensa sala de juntas. Pasaron las horas y no habían RTBs, no había MindSet y no había driving idea brief. Dios no sabía qué hacer, Papá Noel estaba ensimismado pensando en cómo obtener dinero por el uso-abuso de su imagen, y los reyes magos estaban que se iban a los golpes por un comentario racista que hizo uno de ellos.

A pesar de que la agencia intentó conciliar las opiniones de todos, poco a poco todos fueron abandonando la reunión, hasta que sólo quedaron Dios y la pareja de esposos en la sala. Acordaron que apenas Él tuviera claro el brief para la agencia, se reunirían de nuevo para trabajar en una nueva historia de éxito, tal como la vez que decidieron volver a contar los años desde cero para generar recordación de su hijo entre la gente. Sin embargo, la pareja aprovechó el momento y le propuso a Dios que les dejase comprar acciones de Paraíso Inc. con la intención de más adelante convertir al cielo en una compañía del grupo; pero Dios se negó rotundamente a la idea y les pidió muy amablemente que volvieran a casa.

La pareja salió tranquilamente y Dios siguió en sus cosas, pero no por mucho tiempo, pues pocos minutos después de la partida del señor y señora de la agencia, un fuerte estruendo interrumpió la calma de Dios. Era una pared de su sala de juntas que acaba de irse a pique, producto de la fuerza descomunal de un tanque que acababa de irrumpir en el sitio. Dios quedó estupefacto. Pero se sorprendió aún más al ver que en el tanque venía la pareja, el director que había sido boy scout y un joven en bicicleta que traía consigo una serie de videos, entrevistas y estudios de porqué deberían venderle el cielo a los de la agencia. Dios no pudo argumentar esta vez, el tanque estaba frente a él y la única salida era firmar el acuerdo. Así lo hizo y los representantes de la agencia sólo tuvieron que firmar un compromiso que hasta hoy sigue vigente: no divulgar esta historia y continuar el día a día de la agencia de la manera más normal posible para que ningún empleado supiera que esta reunión había tenido lugar alguna vez.

Fin por ahora.

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