Yupi! Asamblea de propietarios!

(Escrito en vivo desde una de estas reuniones capaces de acabar temporalmente con las ganas de vivir de cualquiera).

Llegar a la edad adulta es sin duda un momento muy importante en la vida: haces lo que quieres -en la medida que el presupuesto te lo permite-, empiezas a acumular bienes, te compras los juguetes que no tuviste en tu infancia, y entre tantas cosas, es posible que termines comprándote un apartamento (piso o departamento -según donde estés). Todo un logro.

Así, te entregan las llaves, lo mejoras, lo habitas, lo llenas de cosas bonitas, de cosas que necesitas y de cosas que no necesitas. La vida fluye de manera hermosa; invitas a tus amigos, a la familia, a uno que otro aparecido o aparecida, en fin, haces lo que quieres con ese sitio que es el único lugar donde “tienes el poder”.

Pero, como todo en la vida, llega el día que este prometedor Jedi conoce el “Dark Side”; el día que Superman conoce la Kriptonita; el día en que el Dr. Jekill deja salir su Mr. Hyde. Ese día se llama (y por favor imagínense música de películas como Psicosis, Tiburón o de The Twilight Zone, para acompañar las siguientes palabras): Asamblea de Propietarios (escrito en letras sangrantes como de película clásica de zombies).

Sí, la Asamblea de Propietarios: ese lugar donde al vecino que nunca habla le da por hablar de más; donde el vecino que no se calla se toma a pecho esa condición; donde la vecina histérica supera las expectativas; donde el niño que no había con quien dejarlo, se roba el show; donde el vecino que le gusta buscar problemas los encuentra; donde puede pasar cualquier cosa.

Es en verdad una aventura: hay acción, emoción, risas, llanto, alegría, peleas, reconciliación, amor, odio, giros dramáticos, sorpresas, hay de todo, es un popurrí de elementos que no se encuentran juntos ni en la mejor película, pero no!, no es esa película ganadora del Oscar que están pasando en el cine justo cuando estás empezando a sentir el olor a humano que poco a poco se va apoderando del recinto conforme avanza la asamblea.

Una Asamblea de Propietarios también es un ejercicio democrático digno de páginas y páginas de tratados que destaquen las cualidades del libre albedrío, de la participación y del “vox populi, vox dei”; pero tú ya no quieres hacer parte de este bonito y edificante ejercicio!, tú quieres es estar viendo esa transmisión deportiva imperdible que millones de personas disfrutan en la comodidad de sus sofás y no en esa silla plástica que ya está empezando a modificar tu anatomía posterior inmisericordemente.

Pero no todo es malo, siempre podrás divertirte viendo cómo los candidatos que no quedaron elegidos en la asamblea anterior hacen todo lo posible por empañar la rendición de cuentas de los que sí fueron elegidos; o ver cómo los 750 vecinos que son contadores, administradores o profesionales con algún tipo de afinidad, se ven en la obligación de presumir de su experiencia antes de emitir cualquier nimia opinión; o ver la amplia gama de posturas en que se puede dormir en una silla, siempre son más de las que te imaginas; y dentro de tanta diversión, logras impresionarte cuando descubres que todos los asistentes parecen 10 años más viejos tan solo 4 horas después de haber empezado la reunión.

Pero como de todo se pueden sacar enseñanzas, debes estar atento y detectar técnicas que podrías usar en futuras negociaciones a nivel personal, como hacer que la comida llegue justo cuando la gente estaba concentrada viendo cifras que definen los próximos 250 años del edificio, con esta técnica, un pequeño sandwich puede tapar eficientemente huecos fiscales, doble facturación y demás “travesuras administrativas” que pueden ocurrir “por cosas del destino” en cualquier momento.

En todo caso no es que las Asambleas de Propietarios sean malas, ni que sean un experimento del Pentágono que se salió de control, ni una forma moderna de Karma, ni que sean uno de los jinetes del apocalipsis junto con las filas de los bancos y los discursos presidenciales, por el contrario, son la única forma de darle orden al circo, la mejor manera de prevenir una sobrepoblación de los sanatorios y centros psiquiátricos por medio de la terapia de grupo, la forma más eficiente de evitar una ola de violencia inter-vecinos digna de la prensa roja o amarilla, y en resumidas cuentas, la forma medianamente civilizada de ratificar contundentemente que los humanos nunca vamos a estar de acuerdo.

(Nota: terminé de escribir este texto y el final de la asamblea -de la que soy damnificado hoy- no parece cercano. Podría incluso escribir mis memorias.)

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Acerca de Diego Arenas - Triego

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