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Mientras tanto en triego.com

 

Aguantapapel, el blog que estás leyendo en este momento, es el origen de Triego.com. Desde que empecé en el nuevo dominio, las cosas no van mal, aparte de muchas visitas, en facebook, el blog ya tiene más de 60.000 seguidores. Nada mal para un perfecto desconocido como yo. Así que te invito a que visites Triego.com y te encuentres con caricaturas como las que ves a continuación, además de lecturas como las que dieron origen a Aguantapapel.

Gracias como siempre por acompañarme en este proyecto.

Mientras tanto en triego.com  


Autoayuda: ¿Quién se ha llevado mi dinero?

Érase una vez un país muy lejano  en el que vivían dos personas y dos ratas del tamaño de personas, un poco desagradables y malolientes eso sí, pero por su parte, las ratas eran muy limpias y aseadas. Estos cuatro personajes corrían por un laberinto buscando dinero para ser felices comprando cosas materiales que compensaran sus bajas autoestimas. Las ratas se llamaban Comprando y Gastando (Compri y Gasti), las personas se llamaban Snob y Wannabe.

Las ratas sólo poseían cerebro de rata, así que lo único que hacían era seguir su instinto para encontrar dinero en el laberinto a cómo diera lugar; por su parte, las personas usaban su cerebro lleno de ideas occidentales que las impulsaban a buscar más y más dinero para sentir que estaban triunfando y poder presumir de ello ante sus pares.

Un día, las personas y las ratas encontraron en el sector 5 una bodega llena de dinero y desde ese momento acudían diariamente a llenar sus bolsillos. Esto se volvió una costumbre: iban por la mañana, recibían mucho dinero, regresaban a casa y por el camino compraban toda clase de objetos que satisfacían sus necesidades menos básicas. Todo era felicidad.

Como Snob y Wannabe se sentían tan a gusto con el dinero que habían encontrado, escribieron en una pared:
EL DINERO FÁCIL TE HACE FELIZ.

El dinero parecía nunca acabarse y tanto Compri y Gasti como Snob y Wannabe tenían llenas sus casas de lujo y tecnología, portaban costosos accesorios e incluso tenían varios automóviles en los cuales movilizarse a lo largo y ancho del Sector 5 del laberinto.

Había pasado mucho tiempo cuando de pronto el dinero empezó a escasear en la bodega, situación que obligó a Snob y Wannabe a decir mentiras en su círculo social para mantener ese estatus del que se vanagloriaban constantemente. En cuanto a Compri y Gasti, las ratas, ellas lo único que habían hecho era gastarse la plata en comida, gustos y placer, así que ante la escasez de dinero, su instinto básico fue abandonar el lugar y buscar en el laberinto una nueva fuente de dinero.

Las ratas ya estaban de vuelta en el laberinto buscando dinero, mientras tanto Snob y Wannabe discutían y peleaban entre sí pues Snob ya quería salir a buscar plata y Wannabe lo único que hacía era quejarse de no poder tener los lujos que los demás Wannabes sí tenían. Finalmente Snob abandonó a Wannabe y se aventuró de vuelta en el laberinto, en su camino fue difícil hallar dinero pero por fin entendió que su vida estaba cambiando y entonces escribió en la pared:
ADIÓS MUNDO CRUEL.

Por su parte Wannabe al ver que Snob no regresaba, salió desesperado al laberinto con muy pocos centavos en su bolsillo y lo recorrió a regañadientes. Apenas pudo mejorar levemente su situación escribió en la pared:
SI NO HAY DINERO FÁCIL, TOCARÁ TRABAJAR.

Durante todo este tiempo las ratas habían adquirido habilidades para escribir (muy mediocremente) y estaban a punto de publicar su primer libro de superación, mientras del otro lado del laberinto Wannabe veía aterrorizado lo último que escribió Snob en la pared. Wannabe entró en pánico y escribió allí mismo:
ADIOS MUNDO CRU

Casi terminando la frase, y con la fatídica decisión tomada (fruto del desespero ante la falta de dinero y el evidente suicidio de Snob), Wannabe vio cómo intempestivamente el mismísimo Snob impidió que cometiera ese gran error.

Snob le explicó que él también estuvo a punto de hacer eso pero que las ratas habían llegado a tiempo y lo habían salvado con su libro de autoayuda, que lo que él debería hacer es comprarse también 100 copias del libro y cambiar su vida. Luego de abrazos y llanto, juntos escribieron en la pared la frase principal del libro de superación personal de las ratas:
LOS LIBROS DE AUTOAYUDA TE LLENAN LOS BOLSILLOS DE DINERO.

Pasó el tiempo. Snob y Wannabe dedicaron su vida a comprar y leer libros de autoayuda escritos por ratas hasta caer en bancarrota de nuevo. Por su parte Compri y Gasti tenían más dinero que nunca, sus libros de autoayuda los habían catapultado hacia la cima y ahora se daban lujos que jamás imaginaron, eran las ratas más ricas del mundo y todo gracias a la cantidad de Snobs y Wannabes que compraban sagradamente cada libro nuevo de autoayuda que salía al mercado.

FIN.

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Estuve todo un día sin twitter y viví para contarlo.

Para muchos, quedarse sin twitter un día entero es una catástrofe de proporciones épicas; una tragedia que sólo puede ser comparada con las más desgarradoras tramas de telenovela en las que la protagonista es traicionada por el galán, quien se la juega con su madre que en realidad no es su madre sino la hermana de su papá que resultó ser gay y que termina quedándose con el atlético galán para finalmente suicidarse en pareja, eso sin contar con que el día del funeral cae una bomba que deja lisiada a la otrora bella protagonista que hacía pocos días había sido plantada en el altar por un narcotraficante novato que a última hora aceptó que sólo quería casarse para quedarse con una finca que ella no sabía que recibiría como herencia, pero que ya había sido puesta a nombre de un abogado inescrupuloso que también sedujo a su madre, la cual al enterarse de todo inevitablemente fue a parar a un manicomio. Pero no nos quedemos viendo este desolador panorama al que se ven enfrentados los twitterdependientes que sienten que el fin del mundo se adelantó cada vez que se cae la red, no, veamos las cosas desde otro punto de vista porque quizás lo que no han hecho ellos y ellas es detenerse por un momento, hacer log out por un día entero y descubrir todo lo bueno que pasa cuando no estamos online haciéndonos los interesantes en 140 caracteres y leyendo las brillanteces que escribe una serie de desconocidos que sufren patologías similares a las nuestras en lo que a redes sociales y dependencia de las mismas se refiere.

Y como la ciencia exige sacrificios, yo fui muy valiente y tomé esa decisión: me desconecté voluntariamente por un día para desarrollar un estudio social en el que analizaría lo diferente que puede llegar a ser un día sin la reconocida red social en la que mueren los famosos antes que en las noticias. La anterior frase, para ser más estrictos, quiere decir que en mi lugar de trabajo decidieron bloquear el acceso a redes sociales y yo fui uno de los tantos damnificados que se está viendo obligado a abstenerse de tuitear en horas laborales, situación que empeora gracias a que un grupo de fanáticos de la tecnología me robaron con arma blanca el blackberry desde el que perdía tiempo en modo wireless.

Así pues, el día del experimento inició muy normal. Sonó la alarma de mi teléfono móvil provisional, el cual tiene precisamente como función más destacada eso, la alarma, y me levanté medio zombie a buscar la ruta hacia el baño más cercano en el que me esperaría una ducha que siempre tarda en calentar el agua mucho más de lo que quisiera. Aquí empezaron los hallazgos: en lugar de dejarme llevar por la lucecita roja intermitente que en otras ocasiones me llevaba irresistiblemente a twitter a mirar las menciones y mensajes directos que llegaron en horas en que yo soñaba cosas que no recordaría en la mañana, lo que hice fue levantar la cara más allá de la pantalla del celular y descubrir que el cielo estaba empezando a despejarse tras la intensa lluvia de la noche y que los pájaros «trinaban» (Nota del autor: chiste flojo) alegremente mientras acompañaban la salida de un sol sospechosamente optimista.

Superado el improvisado desayuno y la sección deportiva del noticiero, salí tarde y de afán como siempre, en busca del transporte que me llevaría a ese lugar que días atrás era un puerto libre de la información, un paraíso de bits donde los tweets corrían libremente por verdes pastizales de información con el ancho de banda a su disposición: la oficina. En ese bus descubrí que a cambio de ir cabizbajo leyendo las noticias comentadas por tuiteros amarillistas, se puede ver cómo la genética ha mejorado la anatomía de muchas pasajeras que suben y bajan del bus en cada estación, y pude descubrir lo mucho que ha cambiado la ciudad en el último año.

Pero los hallazgos reveladores no pararon ahí; al llegar a la oficina, y durante el transcurso del día, me enfrenté a situaciones que pusieron a prueba mi percepción de la vida de manera inclemente: por ejemplo, descubrí que la compañera que se sentaba junto a mí, hace más de un año que no trabaja en la empresa y que fue reemplazada por un compañero que a veces veo por ahí, lo cual descarta mi hipótesis que sugería que a ella le había nacido una frondosa barba debido a inexplicables desórdenes hormonales. Sin embargo, eso no fue lo más difícil del día, debo aceptar que lo que más me costó trabajo fue el momento en que, ante la ausencia de twitter, me vi obligado a hablar con personas reales, sí, leyeron bien, ¡hablar con personas reales! Fue muy duro al principio pero descubrí una cosa que ellos llamaron «contacto humano». ¿Contacto humano? me preguntaba yo, pero esas personas también me explicaron que cuando dos humanos se encuentran es normal que «crucen palabras», «intercambien opiniones» y que «hablen de sus vidas», me contaron que incluso a veces llegan a crear un lazo que llamaron «amistad» y otro que llamaron «amor’, además me dejaron claro que en realidad los emoticones son representaciones de gestos que hace la gente real a diario para expresar sus «sentimientos»… en fin, el momento más fuerte fue cuando recordé que en algún momento de la vida yo también había experimentado todo eso que ellos me contaban y que me sonaba como una historia sacada de algún libro de ciencia ficción descargado en google. No creía yo que la interacción con personas fuera tan enriquecedora, en serio, créanme, la gente real es muy divertida también.

Si continuamos con este análisis concienzudo, debo confesarles que tras superar una cruda etapa de negación en la que mi mente se resistía a aceptar que no tendría twitter en todo el día (fase caracterizada por esporádicos tics, sudor y una variación no alcohólica de delírium trémens) y tras superar una fase de alucinación en la que toda la gente a mi alrededor tenía en lugar de cabeza una gran @, mi productividad creció de manera exponencial debido a que fui capaz de concentrarme de forma ininterrumpida en mis labores por horas. Fue un día muy provechoso, hasta el punto que tuve tiempo de plantearme metas para los siguientes 17 años y organizarlas por prioridad, tiempo de ejecución y orden alfabético.

Como gran conclusión les puedo decir que alejarse de las redes sociales es una sana decisión que trae grandes beneficios que mejoran la calidad de vida a muchos niveles, abriéndonos a un mundo de posibilidades que sin duda pueden convertirnos en mejores personas. Así pues, me despido con esta frase que resume a la perfección el gran cambio que obró en mí todo lo que aprendí hoy: ¡Devuélvanme ya mi twitter, quiero mi vida!

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