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Villa de Leyva: patrimonio nacional. Por algo será.

Artículo publicado en Fuel Car Magazine Ed.: agosto-septiembre.

Villa de Leyva es un lugar que se ve espectacular en fotos por su arquitectura y por sus paisajes, pero al visitarla queda muy claro que esas imágenes se quedan cortas a la hora de mostrar toda la belleza que encierra este municipio kilómetro a kilómetro.


El camino nos trajo de nuevo por tierras boyacenses, nada más y nada menos que a Villa de Leyva, un destino famoso, como diría el reconocido presentador (póngale usted el acento) “a nivel nacional e in-ter-nacio-nal”. Y es famoso no solo porque allí se han filmado cientos de capítulos de series y novelas nacionales como Bella Calamidades y El Zorro, entre otras –reciéntemente grabó “La Pola” otra serie colombiana de época para la que Villa de Leyva brinda un marco perfecto-, sino por que esta población vivió hechos históricos muy importantes para el país, como cuando fue escogida como sede del Primer Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, que el 4 de octubre de 1812 eligió a Camilo Torres como Presidente de la República Federal.

Villa de Leyva queda más o menos a 3 horas de camino de Bogotá, no es tan lejos, pero si es un mundo totalmente distinto. Dentro de los 128 kilómetros cuadrados de extensión del municipio se pueden encontrar toda clase de atractivos turísticos. Para empezar, lo mejor es llegar a la plaza central del municipio, un lugar de aspecto colonial en el que la bella construcción tradicional es enmarcada por montañas muy verdes que hacen del sitio una verdadera postal; así que no olvide llevar algo con lo que pueda capturar un buen recuerdo; no importa si es cámara, celular, horno microondas de 12 mega pixeles o lo que sea, lo importante es llevarse a casa un poco de la tranquilidad que inspira este histórico lugar. En esta plaza, además de muchas casas representativas precisamente por su historia, hay una iglesia perfecta para los valientes que decidieron casarse y quieren que la ceremonia sea inolvidable. Allí podrán prometer amar y respetar a su pareja hasta que la muerte o un hábil abogado se encargue de la separación, luego salir de la iglesia y abordar un carruaje en el que un blanco corcel los llevará rumbo a su nueva vida… en fin, vivir el cuento de hadas es muy buena opción para los enamorados. Pero si eso de casarse le causa alergia, ignore lo anterior y siga adelante. La plaza también cuenta con una oferta gastronómica notable, en la que se puede encontrar comida representativa de diferentes partes del mundo, incluso colombiana. No pierda la oportunidad.

Ok, dejemos atrás el hermoso piso de piedra de la plaza central que, a decir verdad, no es muy apto para tobillos frágiles, y empecemos a visitar otros atractivos turísticos que los villaleyvanos tienen para compartir. Pues resulta que debajo de la zona más árida de Villa de Leyva (la expresión correcta debería ser: la zona menos fértil) se encuentra un tipo de agua rico en minerales, y resulta también que a alguien se le ocurrió la idea de hacer unos pozos con dicha agua. El resultado es bastante bueno: el agua es de color azul verdoso y en conjunto con el entorno, forma un paisaje muy interesante. Esta atracción se llama Pozos Azules y por un billete de baja denominación usted puede tomarse unas bonitas fotos en el lugar.

¿Mencioné que Villa de Leyva tiene mucha historia? Pues esa historia viene de mucho más atrás de lo que uno cree, prueba de ello es el Museo El Fósil, en el que podrá ver, como su nombre lo indica, un fósil muy famoso de la región. Se trata del Cronosaurio, un enorme réptil que vivió en el cretáceo, hace unos 120 millones de años, y que es el rey de la exhibición en la que se pueden ver algunas otras piezas fosilizadas halladas en la zona. “Chuleado” el tema del cronosaurio –uno de los dos únicos ejemplares que se conservan en el mundo de esta especie, por lo cual es considerado patrimonio histórico de la humanidad-, pasemos a una especie descendiente de los dinosaurios: las aves; pero no hablemos de cualquier ave, hablemos de la mayor de todas en la actualidad: el avestruz.

El clima de Villa de Leyva no es tan frío como uno cree (en este viaje fue por momentos más parecido a Girardot que a Bogotá) y es propicio para la crianza de estas enormes aves de carne roja, sí, de carne roja, originarias de las mundialistas tierras de África. Pues bien, Villa de Leyva cuenta con un lugar dedicado a estos animalotes, se trata de una Granja de Avestruces donde usted podrá conocer algunos datos extras, ver su proceso de crianza desde que son un “pequeño” huevo, hasta que se convierten en adultas, y posteriormente, en pinchos y demás preparaciones. Además, hay una zona en la que los visitantes tienen la oportunidad de verse cara a cara -o cara a cuello- con los avestruces y darles de comer. Y bueno, también hay caballos, cabras, ponis y búfalos para ver, y por supuesto, hay un restaurante donde usted puede tomar su lugar dominante en la cadena alimenticia y dar buena cuenta de alguna de estas especies.

Cambiando de tema, hay dos lugares más que usted puede conocer en la Villa de Nuestra Señora de Santa Maria de Leyva: un convento y un infiernito. Pues bien, el convento se llama del Santo Ecce Homo y fue casa de los monjes Dominicos, quienes lo fundaron en 1620; hoy en día es un silencioso museo colonial de hermosa arquitectura e imponente jardín. El infiernito, por su parte, fue el lugar donde las tribus nativas adoraban al sol y la luna (razón por la cual los españoles, católicos ellos, lo denominaron de esta forma), donde se puede ver parte de las ruinas de un observatorio astronómico de los muiscas. No olvide cargar “sueltico” para pagar la entrada a todos estos sitios.


Convento de Santo Ecce Homo.

Ahora, si usted tiene algo o mucho de sommelier, sabrá que en Villa de Leyva hay algunos viñedos que aprovechan el microclima de la región –vuelve y juega el clima- para producir vinos que ya empiezan a ser reconocidos a nivel internacional. Pues esos viñedos tienen abiertas las puertas al público y usted puede conocer un poco más del arte que encierra el proceso, eso sí, no espere ver la celebración de la vendimia de las películas en las que los protagonistas bailan descalzos sobre miles de uvas, pero si espere poder entrar incluso a las cavas donde se maduran las diferentes clases de vino. Si decide comprar y tomarse alguno de estos vinos tropicales, no olvide buscar antes a alguien que maneje, en Fuel Car Magazine no queremos perder lectores, así que evite accidentes por andar mezclando alcohol y gasolina.


Cava del viñedo Marquéz de Villa de Leyva.

Bueno, el vino viene de las uvas, las uvas vienen de la vid, la vid está sembrada en la tierra, la tierra es parte de la naturaleza y en la naturaleza hay mucha agua, el agua corre en ríos y los ríos a veces forman cascadas. Esto nos lleva, después de esta innecesaria vuelta para abordar el tema, a hablar de “La Periquera”. Pero antes hay que aclarar que “La Periquera” no es precisamente el estado de ánimo de algún personaje exaltado por efecto de algún tipo de narcótico, ni el lugar donde esto ocurre; es un lugar entre Gachantivá y Villa de Leyva en el que una fuente natural de agua, el río La Cebada, forma bellas caídas a lo largo de su descenso por tierras boyacenses, y su nombre se le debe a que en otra época habían bandadas de pericos en la zona. Es un buen sitio para caminar, acampar (dicen que hay una finca aledaña que presta el servicio) practicar torrentismo y otras actividades de aventura o para simplemente relajarse con el sonido del agua.


La Periquera.

¿Y la quedada? Pues eso no representa ningún inconveniente. La oferta hotelera de este municipio de 438 años de fundación es muy grande, hay para todos los bolsillos, empezando por áreas disponibles para el camping, pasando por casas acondicionadas para el hospedaje de los miles de turistas que van cada año a Villa de Leyva, y llegando a lujosos hoteles con centro de convenciones y todas las comodidades. De todas maneras, si piensa venir en alguna de las festividades del municipio, lo mejor es que haga su reserva con anticipación, pues en el Festival de Cometas y el de cine de agosto, en el Festival de Luces de diciembre, en el Festival del Árbol en octubre, en el Festival Astronómico de enero y febrero, en el festival de música antigua de Semana Santa, o en las fiestas patronales en julio, es normal que el pueblo se llene de gente de todo el mundo y sea más complicado conseguir donde pasar la noche.

Como se puede observar, es mucho lo que hay para hacer, y a pesar de que visitamos muchos sitios, faltaron muchos otros. Así que si quiere desconectarse un poco del “mundo real”, visite Villa de Leyva, recórrala a fondo, conózcala y enamórese. Es un patrimonio nacional con razones de sobra para serlo.

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Bojacá: todos los carros van al cielo.

Artículo publicado en Fuel Car Magazine en noviembre de 2009.

Bogotá está rodeada de municipios llenos de encanto y tradiciones únicas que atraen turistas todos los días del año. Bojacá tiene lo suyo.

Para ir a Bojacá y conocer todo lo que este destino tiene para ofrecernos, hay que salir de Bogotá por el occidente, lo haremos por la calle 13. Poco a poco esta avenida que nace en el centro de la ciudad nos va llevando hasta la Zona Franca de Bogotá. Más adelante nos lleva al peaje que lleva el nombre del otrora hermoso Río Bogotá y luego de pasar por encima de esta contundente muestra de lo que hemos estado haciendo con el planeta, tenemos que seguir avanzando en medio de la gran cantidad de flotas intermunicipales que circulan por esta avenida con sus gritones ayudantes colgando de la puerta. Más adelante tomamos la vía de la derecha, la que dice llevarnos a Mosquera-Funza y pronto llegamos a una glorieta –no romboy- que permite ir por la izquierda a Madrid y por la derecha a Cartagenita y Facatativá; en este punto tomamos la derecha para encontrar que la carretera pasa a ser de un solo carril por sentido.

Aquí ya se nota el siempre agradable cambio de paisaje que ocurre cuando se sale de la “a pesar de todo” hermosa capital del país, esto quiere decir que mucho verde, muchos sembrados y mucho campo empiezan a acompañarnos a lado y lado de la carretera. Una nueva glorieta (rond point en francés, traffic circle en inglés) hace su aparición y pone ante nuestros ojos una pregunta de selección múltiple de esas que acompañan nuestro camino siempre, esta vez la cuestión es ¿Madrid o Facatativá? En este caso la respuesta es Facatativá; así que continuamos derecho, dejando atrás la opción de visitar a este homónimo de la ciudad que tiene más colombianos por metro cuadrado en Europa y con el que se hacen tantos chistes acerca de adónde fueron las vacaciones de alguien que no salió del país como sus amigos.

Continuamos y no tardamos en encontrar el peaje Corso, el cual sólo funciona en el sentido opuesto al nuestro, lo que indica que ese dinero seguirá en nuestro bolsillo un rato más para probablemente terminar en las manos del dueño de algún restaurante típico en Bojacá. En este paisaje de clima frío que estamos atravesando, los sembrados aumentan su presencia mientras que las vacas que nos dan leche a diario, o que terminan servidas en el plato de muchos, también aparecen; pero no solo ellas, también hay galpones atestados de pollos que no llegarán nunca a su edad adulta. Seguimos nuestro camino y a la izquierda aparece la variante a Bojacá, hay que tomarla si no queremos ir a parar a Villeta o Faca. Aquí sí empieza a haber huecos respetables y no hay mucha opción de esquivarlos porque el ancho de la vía es menor, a la izquierda se ve una pequeña ciclo ruta y mientras recorremos a menor velocidad este tramo, podemos ver más árboles, más viveros y más cultivos hasta llegar al pueblo propiamente dicho.

En Bojacá de entrada se pueden identificar algunos parqueaderos en donde el lujo es inversamente proporcional al espacio disponible. Son bastante amplios. Una buena noticia: si usted venía aplazando una entrada “al bath” y no cedió a la tentación de sentir la brisa sabanera y tener un momento a solas con la naturaleza para tal fin, por sólo $500 usted tiene la oportunidad de hacerlo en los baños que están estratégicamente ubicados cerca de la parada de los buses, ni idea de cómo sean por dentro. A propósito, a Bojacá se puede llegar en bus en los servicios de Flota Ayacucho y Expreso Cundinamarca que llegan y se van con muy buena frecuencia.

Sí señores, ya estamos en Bojacá, que en lengua chibcha significa“cercado morado” y que fue fundado el 16 de octubre de 1537 por Gonzalo Jiménez de Quesada, antes de fundar Santa Fe de Bogotá, lo que ocurriría un año después. Y hablando de Bogotá, aquí hay un dato más: Bojacá –que hace parte del área metropolitana de esta ciudad- sólo tiene 6.010 habitantes, más o menos la octava parte de lo que se necesita para llenar el estadio Nemesio Camacho El Campín.

Lo primero que hay para ver es lo que parece ser la plaza de mercado del pueblo, pero no lo es (aquí es donde están los baños que mencionamos antes), en vez de encontrarnos con bultos de papa que van y vienen o con marranos huecos que reposan en ganchos, lo que hay en este lugar es una gran variedad de artesanías, dulces típicos y quesos hechos artesanalmente, además de una gran oferta de comida autóctona que incluye carne asada, fritanga y la infaltable gallina criolla. Cruzando una calle llena de locales que venden imágenes religiosas, sombreros y artesanías varias, está la iglesia, uno de los principales atractivos del municipio.

¿Qué hacer en Bojacá? Bueno, hay opciones: usted puede visitar el Museo Convento Colonial que fue fundado en 1948 para ver una muestra de cerámicas y artesanías de la cultura Chibcha, Tayrona y Quillacinga, para ver obras de arte de la colonia, o bien, para apreciar verdaderas reliquias que datan de los siglos XVII y XVIII. Si lo que quiere es un plan más al aire libre, usted puede conocer las piedras de Chivo Negro, un parque arqueológico donde los Chibchas reflejaron su estilo de vida por medio de pictogramas. Este parque, patrimonio cultural y arqueológico de Colombia, al parecer también era un sitio de adoración al sol y la luna, una característica recurrente en las diferentes tribus prehispánicas. Otra buena opción al aire libre y en contacto con la naturaleza, son los Caminos Reales, un recorrido de varias horas por caminos precolombinos donde se puede observar la flora y fauna característica de la región; un camino que siglos atrás, además de permitir el intercambio de productos entre tribus, le sirvió en épocas de la conquista a “La Madre Patria” para ponernos a hablar español a todos.

Esas son muchas cosas para hacer, pero el principal plan para muchos turistas que llegan a Bojacá es ir a la iglesia, y no por su belleza arquitectónica, sino por una tradición muy popular: la bendición de los carros. Esta iglesia que inició su construcción en 1629, tiene altares tallados en madera dorada del siglo XVIII, pero su más grande atractivo es una imagen de Nuestra Señora de los Dolores, también conocida con el nombre de Virgen de las Angustias, traída de España en 1739, la cual fue instalada en la iglesia en 1757 con un nuevo nombre: Nuestra Señora de la Salud de Bojacá. Pasamos de la angustia y el dolor, a la salud. Buen cambio.

A la Señora de la Salud se le atribuyen incontables milagros, casos de sanación increíbles y otras tantas historias que han ido aumentando su popularidad. Ni idea  de a qué horas se le ocurrió a alguien bendecir los carros e incluso bautizarlos, pero lo cierto es que a diario, especialmente los fines de semana, Bojacá se llena de autos de todos los sabores y colores que vienen a obtener ayuda divina para contar con mejor suerte en su camino por las calles y vías del país. Algunos sólo se llevan la bendición, otros llegan con un nombre de catálogo y salen llamándose “La consentida”, “El correcaminos”, “El andariego”, “Jenny Paola”, “Mi cacharrito” o cualquier nombre que su dueño desee ponerle a su querido vehículo.

Después de la ceremonia muchas personas van al micro circuito de karts que hay a pocas cuadras, allí mismo hay juegos inflables para los niños y se puede jugar rana, todo al aire libre. Otros simplemente se quedan en la plaza principal para comerse una oblea o un helado y tomarse una foto en el romántico(n) marco de corazón que está dispuesto allí para tal fin. La foto también puede ser en uno de los clásicos caballitos de madera con piel de vaca que incluyen un sombrero de charro para el protagonista, una foto “muy charra” sin duda. Pero si nada de esto le interesa, puede sencillamente quedarse a ver un rato al grupo de danzas que se presenta de manera continua en la plaza principal, si cuenta con suerte, es posible que usted resulte siendo parte del baile.

En fin, a sólo 40 kilómetros de Bogotá hay un lugar donde los carros no es que aseguren un lugar en el cielo, ni que obtengan el perdón de sus pecados viales; en este lugar ellos simplemente logran hacer parte de una tradición llena de fe, una tradición muy colombiana.

 

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Fuel Car Magazine 02

Esto fue parte de la edición 02 (que en realidad fue la tercera entrega) de Fuel Car Magazine.

Para leer completo el artículo de Need for Speed: http://wp.me/pBPuP-4W
Para leer completo el artículo de Bojacá: http://wp.me/sBPuP-bojaca

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